No hay nada como los consejos de una persona que sabe exactamente por lo que estás pasando…
Mi ex y yo terminamos casi a un año de irnos a vivir juntos. Llevábamos 6 años de relación y me había propuesto matrimonio. Al principio fue lindo; pasábamos mucho tiempo juntos, podíamos hacer lo que queríamos y estábamos llenos de sueños e ilusiones.
Luego empezó a escasear el dinero; tuve que esforzarme más por ambos. Me descuidé física y mentalmente. Y él encontró un hoyo en donde esconderse para evitar la realidad. Me dejó sola luchando por una relación y una responsabilidad que no tenía que cargar por cuenta propia. Y aún así lo hice, lo cual me dejó sin energía, ganas y autoestima.
Me engañó y nos separamos a finales del año pasado. Y aunque me quitó un GRAN peso, la verdad es que me dolió muchísimo. No era un novio… ¡era mi prometido! Con quien por mucho tiempo, creí que pasaría el resto de mi vida.
Tenemos esa idea de que “un rompimiento no es la gran cosa”… y sí lo es. Emocionalmente hablando, es una verdadera ruleta rusa, y puede ser un factor de riesgo de depresión, una condición clínica que no debemos tomar a la ligera. Además puede afectar nuestra salud, en casi todos los aspectos posibles.
Después del rompimiento, me sentía físicamente mal; cansada, sin apetito y con mucho estrés. En uno de esos momentos, me sentí MUY enojada; hacia él, hacia mí, hacia la situación. ¿Por qué diablos no se esforzó más? ¿Por qué no luchó por algo tan hermoso? Pero aún más importante: ¿cómo me atrevía YO, una mujer fuerte, perseverante e independiente, a llorarle a un hombre que nunca valió la pena? ¿Por qué me estoy dejando derrotar por algo tan tonto como un rompimiento? Perdí un hombre, un amigo, una pareja… pero no me perdí a mi misma.
Así que me embarqué en una misión de convertir este rompimiento en una oportunidad para iniciar la relación más importante que tendré en la vida: conmigo misma. Y en el proceso, hice cosas que podrían (o no) ayudarles a ustedes.
Efectividad: 10/10
Antes de terminar con mi ex, nuestra relación era lo más importante. Al irme a vivir con él, dejé de tener TANTO contacto con mi familia y amigos… que me perdí casi totalmente en él.
Después del rompimiento, busqué a mis amigos… o más bien, ellos me buscaron a mi. Jamás había salido tanto a comer o a tomar un café. Y pasé HORAS hablando con ellos de lo que sentía, de lo que había pasado y de cómo iba a seguir adelante. Platicamos, planeamos, me regañaron, me dieron su apoyo y me secaron TODAS las lágrimas. ¡Y fueron muchas!
Créeme, desahogarme fue lo más me ayudó. Y tener a alguien ahí (o a muchos) que quisieran escuchar, hizo una gran diferencia.
¿Sí sirve? De la misma forma en que un infante necesita a su mamá para sentir confianza, los adultos necesitamos una conexión fuerte con otra persona, especialmente en momentos vulnerables.
Normalmente es un proceso; nuestro primer lazo es hacia nuestros padres. En la adolescencia, ese lazo se transfiere a nuestros amigos y, en la madurez, se lo damos a nuestra pareja. Pero, ¿qué pasa después del rompimiento, cuando pierdes ese lazo tan importante?
Lo que pasa es que las personas transferimos ese lazo de nuevo a nuestrosamigos y familiares. POR ESO SON TAN IMPORTANTES.
Efectividad: 7/10
Parecía un nuevo comienzo. Y para evitar el “corazón roto,” sabía que lo mejor era distraerme. Así que dije que aceptaría CADA invitación social y evento que se apareciera en mi camino. ¿Viaje a Mazatlán con personas desconocidas? Va. ¿Salir a un bar a ligar? … ok. ¿Carne asada de mi cuñado? Bueeeeeno. ¿Función de prensa hasta Santa Fe? Ok.
Después del rompimiento me rebelé y revelé una nueva parte de mi; una parte que dejé olvidada a los 21 años, cuando empecé a andar con él. Y fue una gran distracción, pero su verdadero objetivo fue pasarla bien y recordar lo que puedo hacer de manera libre y sin tener que pensar en alguien más.
Esta experiencia de aceptar las invitaciones no sólo me permitió crear nuevas amistades, sino que también me recordó que estar “soltera” no es lo mismo que estar “sola.” Siempre le di prioridad a mi pareja y quise invertir la mayor parte de mi tiempo en él. Tanto así que ya me daba flojera salir con otras personas y olvidé que también las necesitaba.
¿Sí sirve? Según una Universidad Americana, el esfuerzo hacia una vida social se debe al concepto de recuperar una vida pasada después del rompimiento. De esta forma, las personas se sienten menos solas y ven, desde otra perspectiva, la relación que les hizo daño..
Efectividad: 5/10
Ésta fue la parte más aterradora del proceso. Después de terminar esa relación TAN larga y seria, me prometí que NO volvería a hacer algo así pronto. Necesitaba recuperarme y volver a confiar en los hombres (si es que era posible).
Y de repente recordé que él era la última persona que había besado. La última persona con quien compartí una cama y a quien dejé jugar con mi cabello. La última persona que me abrazó fuertemente y me hizo sentir segura. Cuando pensaba en intimidad o romance… pensaba en él.
Así que busqué a alguien más; alguien completamente diferente a él y que podía darme lo que él nunca me ofreció: una relación intelectual. Al principio me sentía muy rara. Todos eran TAN diferentes a mi ex, que me sacó muchísimo de onda. Estaba tan acostumbrada a él, que creí que ESO era lo que quería.
Hasta que conocí a alguien más; alguien que me ofreció una dinámica muy diferente. Y la verdad es que fue completamente revelador. Conocí a muchas personas; salí a tomar el café, a cenar y al cine con hombresambiciosos, inteligentes, encantadores y diferentes.
Me hicieron sentir deseada, querida y sensual. El mundo de las citas parecía territorio desconocido, pero poco a poco lo fui aceptando una vez más. ¡Y no está mal!
¿Sí sirve? Empezar a salir con otras personas después de un rompimiento puede ser una buena idea porque garantiza 2 RESULTADOS DIFERENTES: te darás cuenta que hay más peces en el agua o te inspirará a buscar lo que en verdad quieres de una relación.
Efectividad: 7/10
Bajé de peso después de la separación porque perdí mi apetito. Pero poco a poco fui recuperándome y descubrí que mi cuerpo también estaba lidiando con las consecuencias de mi rompimiento.
Me inscribí al gimnasio ¡y hasta a clases de natación! Empecé a moderar mis alimentos y opté por evitar los antojos que me hicieron tanto daño el año pasado. Y ¿saben qué? Por primera vez en mi vida disfruté hacer ejercicio y tratarme bien.
Me dí cuenta que él no fue el único en hacerme daño. Yo también lo hice, y por muchísimo tiempo. ¡No más! Si bien quiero hacerlo parcialmente por estética, mi prioridad fue mi salud. Si quería empezar esta nueva y saludable relación conmigo misma, tenía que ver lo que mi cuerpo y mente necesitaban primero.
Los rompimientos son terribles. A veces requieren noches de Netflix y kilos de chocolate. Pero rápidamente me di cuenta que no eran la solución.
¿Sí sirve? No necesitamos a un experto para que te diga que los BUENOS hábitos son importantes. De hecho, un rompimiento te hará perder el equilibrio y salir de la rutina. ¿Qué mejor forma de crear una nueva a través de cambios a tu estilo de vida?
Para combatir el caos y desorganización que provocó el rompimiento, es importante comer bien, dormir mínimo 7 horas, llevar un horario y, por supuesto, hacer ejercicio.