Ningún producto estético ha tenido tanto impacto como la toxina botulínica, conocida como “Botox”. Ha revolucionado la cirugía plástica desde su introducción hace ya más de 26 años y su uso cosmético probablemente sea el evento de mayor importancia en la evolución de los procedimientos estéticos mínimamente invasivos.
La toxina botulínica es un derivado de la que produce la bacteria Clostridium botulinum; la toxina se aísla y se purifica para su aplicación médica y bloquea la acción de un neurotransmisor llamado acetilcolina que normalmente estimula la contracción muscular. Al inyectarse en diferentes grupos musculares de la cara y/o cuello en dosis controladas, se busca atenuar las líneas de expresión facial o prevenir su aparición.
A lo largo de estos años han surgido diversos mitos alrededor de su uso, de los que hoy queremos hablar.
• Te cambia la expresión.
Hace varios años, en sus inicios, la toxina botulínica se utilizaba bajo la premisa de “los mismos puntos de inyección y la misma dosis para todos los pacientes” y “mayores dosis para mayores efectos”. En la actualidad el abordaje se ha individualizado de manera importante, basando su aplicación en los patrones musculares de cada paciente con el objetivo de lograr un rejuvenecimiento facial global sin modificar la expresión particular de cada individuo.
Con el envejecimiento los músculos depresores de la cara (los que tiran hacia abajo) se hacen más fuertes y los músculos elevadores (los que tiran hacia arriba) más débiles, lo que provoca una apariencia triste y cansada. La toxina botulínica se utiliza para promover un aspecto más fresco.
No me funciona porque tarda mucho en hacer efecto.
Es importante entender que la acción de la toxina botulínica no ocurre de forma inmediata. Por lo general el efecto máximo se puede observar un par de semanas después de su aplicación. Los primeros efectos empiezan a ser visibles alrededor de las 48 horas.
• Se me quita muy rápido el efecto.
Dependiendo de la fuerza de los músculos tratados (varía de persona a persona) y la dosis utilizada, la duración del efecto puede ir de un par de meses a varios meses.
• Al pasar el efecto quedas más arrugada.
La acción de la toxina botulínica va disminuyendo poco a poco con el paso del tiempo hasta desaparecer. Durante esta fase la función muscular se regenera hasta recuperar la movilidad inicial, haciendo notables nuevamente las arrugas provocadas por dicha acción. En ningún escenario, los músculos recuperan una acción mayor a la inicial por lo que no puede ocasionar arrugas más profundas y marcadas. Hasta la fecha no se conocen complicaciones médicas irreversibles de la aplicación continua de toxina botulínica.
Me da miedo que me haga reacción alérgica.
Aunque la toxina botulínica es una de las toxinas más potentes conocidas el día de hoy, es una toxina MUY segura cuando se utiliza en forma apropiada. En la actualidad son muy pocos los reportes de hipersensibilidad o reacción alérgica posterior a la aplicación de toxina botulínica con fines estéticos.
Duele mucho.
La aplicación de la toxina es mediante agujas muy finas. Aunque el dolor en el sitio de inyección es muy leve, puede variar de persona a persona. Éste se puede reducir aplicando anestésicos tópicos, hielo, ice-roller®, gasas o compresas frías en el sitio de inyección.
• El uso de Botox es adictivo.
Una adicción es una enfermedad física y psicoemocional que crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia o actividad. No hay ninguna propiedad química en el botox que sea físicamente adictiva para el cuerpo humano. Sin embargo, es posible que algunas personas, atraídas por los resultados rejuvenecedores de su aplicación, comiencen a desear y solicitar mayores dosis de las necesarias, generando una especie de adicción psicológica. Es por ello que es de gran importancia que el tratamiento lo aplique un médico especialista certificado y entrenado en orientar a los pacientes para evitar tratamientos excesivos e innecesarios.
• Existen cremas que logran efectos increíbles sin necesidad de inyecciones.
La toxina botulínica sólo actúa posterior a la inyección o la ingestión del producto. Las aplicaciones tópicas son insuficientes para lograr el efecto deseado, por lo que debemos de dudar de cualquier crema que asegure inducir efectos similares a la toxina botulínica.
Atrofia las glándulas sudoríparas y te predispone a tener cáncer.
Decíamos que la toxina botulínica bloquea la acción del neurotransmisor acetilcolina que induce el movimiento muscular, y que además estimula la secreción de sudor por las glándulas sudoríparas. Por ello, la toxina botulínica también se aplica como tratamiento de hiperhidrosis o sudoración excesiva, especialmente en la región axilar. La acción de la toxina es la de bloquear las terminaciones nerviosas que estimulan a las glándulas sudoríparas a producir sudor. Se ha demostrado en forma consistente que con el paso de los meses crecen nuevas terminaciones nerviosas hacia la glándula, recuperándose la función sudorípara sin secuelas permanentes. En diversos estudios se ha demostrado que el uso de toxina botulínica en el tratamiento de hiperhidrosis es seguro, efectivo, temporal y bien tolerado.
Hasta el momento no existe evidencia que sugiera alguna relación con el desarrollo de cáncer regional.
Así, los buenos resultados de un tratamiento con botox dependerán fundamentalmente de que su aplicación esté a cargo de manos expertas, de un médico que cuente con el aval del Consejo Mexicano de Cirugía plástica, estética y reconstructiva y lo aplique en instituciones acreditadas.