El tema de la infidelidad en el matrimonio es algo recurrente en esas charlas con los psicólogos de pareja y alrededor de esta situación surgen demasiadas preguntas, como la de si en algún momento el infiel va a elegir abandonar su hogar y a su familia por quedarse con la otra, pero un hombre casado y con una vida hecha, nunca dejará a su esposa y todo lo construido por irse con su amante.
Un hombre casado puede decirle a su amante que le gusta, que la pasa increíble a su lado, que es encantadora y llenarla de miles de halagos más, pero él nunca dejará a su esposa por irse con ella a comenzar de cero una relación, a gritarle a todo el mundo que están juntos, eso no pasará, es difícil que eso esté dentro de los planes del infiel, porque sabe los riesgos que eso implicaría.
Cuando una mujer acepta ser la amante de un hombre, también está de acuerdo con esos términos y condiciones que conlleva este papel, desde que lo suyo debe ser muy privado y nadie debe saberlo, hasta reconocer que jamás va a pasar de ser ese “plato de segunda mesa”, soñar con obtener el título de esposa en algún momento es algo imposible.
¿Por qué un hombre casado nunca deja a su esposa?
Un hombre jamás quiere perder, ni porque sepa que está haciendo las cosas mal, por lo que cuando se involucra en una relación clandestina, en este caso, buscando una amante, desde un principio él mismo tiene claro que con esta mujer solo quiere algunos ratos de diversión, pasarla bien y relajarse de las responsabilidades o problemas que tiene en su matrimonio y en su casa.
Su amante es como ese escaparate de lo que le estresa, pero no es esa persona por la que dejaría todo, además cuando una mujer le acepta ese segundo lugar en su vida, alimenta su ego y sabe que entonces ella haría todo por él, tal y como lo hace su esposa, por lo que tener el control sobre los sentimientos de las dos, lo hace sentirse mucho mejor, le gusta dominar.
Por otro lado, no piensa exponerse a lo que él supone la vergüenza de terminar su matrimonio y enfrentarse a un divorcio, aparte que estaría involucrando a sus hijos y también una parte financiera por todos los gastos que esto implica, así que por su mente no pasa la idea de dejar a su pareja estable por alguien que solo ve como un pasatiempo, pero que aún así le ofrece cariño.
¿Por qué un hombre no deja a su esposa, pero tampoco quiere perder a su amante?
Aquí se aplica la frase “Ni contigo, ni sin ti”, porque como lo vimos en los párrafos anteriores, el hombre nunca quiere perder, y no piensa dejar a su esposa por irse con su amante, pero tampoco está dispuesto a dejar de ser infiel, quiere conservar a las dos mujeres en su vida, y esto es porque “la otra” le ofrece algunas ventajas que su pareja no le brinda.
La amante no tiene derecho a reclamarle nada de lo que hace o deja de hacer, no le brinda quejas, no tiene ningún compromiso al que deba cumplir, por lo que a su lado solo se dedica a olvidarse de todos los conflictos que lo aquejan, cuando está con ella, se siente bien, se relaja, se divierte para después regresar de nuevo a la realidad, es su salida de un par de horas de su vida cotidiana.
No quieren perder a la amante, porque ella se convierte en su lugar tranquilo cuando en casa enfrentan problemas maritales o de familia, es su manera de lidiar con la desesperación que hay en ellos mismos, también porque buscan esa satisfacción íntima que ya no encuentran con su esposa o porque quieren aumentar esa autoestima que se encuentra aplastada dentro de su vida en matrimonio.
¿Por qué no debes aceptar el papel de amante?
Como puedes darte cuenta, el papel de amante tiene varios contras, casi siempre son las que llevan todo qué perder, se pierde tiempo, esfuerzo y dignidad, es invertir en algo de lo que nada bueno se va a lograr, es arriesgarte a tener un desgaste emocional y subirte a una montaña rusa de sentimientos a los que te vas a enfrentar sola, porque ese hombre infiel no estará ahí para entenderte o mostrar empatía.
Cuando aceptas ser la amante, es como aceptar que vales menos, que eso es lo único que te mereces, un cariño a medias, un amor a migajas y falsas promesas, a eso hay que sumarle que a las mujeres se les castiga con mayor dureza en la infidelidad, al hombre se le celebra el tener a más de una chica, pero a ellas se les denigra ante la sociedad por ser la “otra”.
No estás para llenar los vacíos en la vida de ese hombre, por eso no se debe aceptar ser el plato de segunda mesa, si no es feliz en su matrimonio, si su esposa no le resulta suficiente, es algo que tiene que solucionar él mismo, porque no estás para ser su fuente alternativa de afecto sin tener un solo compromiso contigo, y que se pueda ir cuando él quiera.
En este triángulo amoroso, la sociedad reparte los conceptos de esta manera; la amante es la mujer mala sin escrúpulos, la “rompe hogares”, la esposa es la pobre víctima y el esposo infiel el conquistador que se atreve a tener más de una, por lo que casi siempre es “la otra” en quien recae toda la culpa, por eso hay que pensar dos veces antes de conformarse con ser “la querida”.