Además de factores como la alimentación, la calidad del sueño y los cambios hormonales, hay algo que influye directamente en el azúcar en la sangre. Se trata del estrés y, aunque a veces es parte de la vida cotidiana, este podría estar afectando directamente tus niveles de glucosa.
Un estudio publicado en la revista Nature, donde se exploró la relación entre los niveles elevados de glucosa y el estrés provocado por conflictos armados, encontró que los dos factores están estrechamente ligados.
Entre 2007 y 2014, se analizaron 408,706 exámenes de glucosa de la población civil que residía en los alrededores de Gaza. Estos presentaron un aumento del 2.10% en promedio durante los días en que se llevaron a cabo operaciones militares.
“Encontramos que el estrés está asociado con un rápido aumento en los niveles de glucosa, especialmente entre los residentes de zonas donde la intensidad de la amenaza es mayor”, señalan los autores del estudio.
No hace falta vivir en una zona de conflicto bélico para que el estrés haga estragos en nuestra salud. A veces las múltiples tareas del día a día, las presiones laborales, los conflictos familiares u otros aspectos de las relaciones interpersonales pueden elevar la tensión y, con ello, modificar los componentes sanguíneos.